LA LOCURA DE NO PODER RECORDAR
En el Valle de las Voces, un paraje extenso y surreal donde el tiempo parecía derramarse como tinta sobre un pergamino antiguo, vivía Corvix. No era un cuervo ordinario. En sus ojos se reflejaban galaxias de recuerdos ajenos, y su plumaje negro celeste contenía las sombras de incontables historias olvidadas. Corvix había hecho del valle su refugio, un lugar habitado por almas errantes que susurraban fragmentos de sus recuerdos pasados al viento. Allí, el recuerdo era una moneda de cambio, una joya preciosa y también una maldición. Corvix recolectaba estos retazos de memoria, guardándolos en una cueva secreta que llamaba "El Archivo de los Susurros". Una tarde, mientras volaba sobre el valle, escuchó un eco familiar: una risa infantil que le heló el alma. Se detuvo en seco y siguió el sonido hasta un rincón que nunca había explorado. Allí se erigía una estructura ruífosa, un edificio que parecía desmoronarse bajo el peso de sus ...